Objetivos objetables

La intención seguro que es buena, la dimensión exagerada. En esa disyuntiva pedagógica se mueven una buena parte de los objetivos que, ahora y siempre, nos proponen quienes organizan los desarrollos curriculares de la enseñanza obligatoria. En el tránsito desde su formulación hasta la práctica en nuestros centros se pierden demasiados detalles. Una buena parte de estos son sustanciales. ¿Por qué no llegan a los destinatarios o estos nos los aprovechan? Valga un ejemplo. Una guía para el profesorado de 1º de Primaria de una de las editoriales más utilizada en nuestros colegios propone como indicadores de evaluación para la competencia de Aprender a aprender si el alumnado “Planifica su trabajo para ser más eficaz y eficiente”, “Identifica sus propias potencialidades y carencias a la hora de emprender nuevos aprendizajes” o “Es consciente de las capacidades que entran en juego en el aprendizaje: atención, memoria, concentración…”, entre otros. Semejante tarea se nos antoja imposible para alumnos de este curso, evaluarla cada día todavía más.

El profesorado debería leer con calma los objetivos que escribe en sus programaciones. Así podría valorar las distintas dimensiones que en su formulación contiene cada uno, secuenciarlos en relación con las peculiaridades de su clase, adaptar sus estrategias de evaluación, cuestionar su idoneidad y proponer alternativas. Seguro que de esta forma podría mejorar la educación a la que invita a sus alumnos. La práctica educativa diaria es una apuesta viva, que crece, que tiene cadencias discontinuas, que se interroga hacia donde va, que se construye con actores con intereses diferentes, que necesita ajustar destinos y ritmos. En ningún modo es una vía férrea por la que circulan locomotoras normativas que arrastran vagones, aunque estos porten las mejores mercancías posibles, por más que se dé a los maquinistas unas completas hojas de ruta y esos se sepan el recorrido. Hace falta un continuo manejo de bien hacer y un plus de ilusión.

  • El último del primer trimestre de la Lomce en Educación Primaria. Apareció en Heraldo escolar el 17 de diciembre de 2014.

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