Omnipresentes programaciones

Parecen la sombra de los profesores, pues los acompañan desde las oposiciones hasta la jubilación. Cambian algo según la moda pedagógica que las incentiva, pero más o menos suponen pensar qué hay que enseñar, cuándo, cómo y a quién. Las hay largas y cortas, de etapa de enseñanza, de ciclo o de materia. Quienes hemos debido preparar muchas hemos pensado más de una vez si eran un medio o un fin. En el primer supuesto servirían para orientar toda la práctica profesional de un curso escolar, cuando se elaboran de manera sosegada y reflexiva. Si, además, su preparación y puesta en práctica son llevadas a término por todo un departamento o ciclo, el quehacer colectivo se enriquece y el alumnado aprende mejor, y con más progresividad. En otras ocasiones, las programaciones se producen para la administración educativa, a la que hay que enviarlas en tiempo limitado a principio de curso. Como las tareas abruman en esa época, algunos profesores optan por retocar la programación de la editorial de los libros de texto, añadiéndole o quitándole renglones, y presentarla como propia. Hojas y hojas de bonitas intenciones y contenidos desmenuzados. En este caso sí que se convierten claramente en un fin.

En tiempos, algunos apostábamos porque las programaciones fuesen un documento vivo, por consiguiente incompleto e imperfecto, que se mejora con la práctica. Para conseguirlo habría que revisarlas a medida que el curso avanza, iluminarlas con tachones y añadidos que recojan aciertos y errores, que servirían para ajustar la del curso siguiente. Pocas veces se encuentran departamentos o ciclos que lo hagan así. En demasiadas ocasiones, los libros de texto marcan el trabajo diario mientras las programaciones pasan demasiado tiempo recogidas en la estantería del departamento. Después de esta reflexión todavía dudo sobre la función que cumplen realmente, o deberían cumplir, las programaciones. Será porque uno está condicionado tras haber escuchado demasiadas veces que no sirven para nada.

Publicado en Heraldo escolar, pág 6, 9 de octubre de 2013


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