Laberintos de socioecología

Hay periodos en los que el diario ecológico que nuestra sociedad escribe tiene sus páginas completas. Así ha sucedido en la primera semana de octubre. La mayoría de los periódicos nacionales han recogido estos días en sus páginas reseñas cortas o artículos largos sobre eventos en los que la ecología social mostraba inquietantes señas vitales.

Comenzó la semana con las consecuencias de las riadas del sur y sureste de España que sumieron en un rosario de calamidades el futuro de los habitantes de pueblos y ciudades. No hace falta visitar las hemerotecas; la memoria cercana dice que las gotas frías son recurrentes en estos lugares, por lo que habría que extremar las prácticas constructivas y evitar tapar cauces y barrancos. Claro que los 200 litros de agua caídos en algunas zonas son difíciles de gestionar, pero los mismos lugareños de los pueblos inundados manifiestan que la desidia ecológica colectiva y el descuido de las administraciones han aumentado los riesgos que estas precipitaciones llevan implícitos.

La publicación por parte de Ecologistas en Acción de su Informe sobre la calidad del aire en el que afirma que un 94% de la población española respira aire malsano saltó el martes a todos los noticiarios. Enseguida las autoridades competentes se ocuparon de desmentir al mensajero por su alarmismo, que no de explicar si era cierto el mensaje de que “mueren ocho veces más personas por contaminación que por accidentes de tráfico”. Parece que no les interesa comprobar si los datos con los que se elaboró dicho informe procedían o no de las propias estaciones de medida de las administraciones, y si se aplicaban los parámetros marcados por la OMS para elaborar las conclusiones expuestas.

El jueves nos enteramos por la denuncia de WWF –lo recogieron también periódicos internacionales- que un arroyo lleva diariamente al Parque Nacional de Doñana, nuestro mayor santuario ecológico y Patrimonio de la Humanidad, 5 millones de litros de aguas residuales sin depurar de unos 40.000 habitantes y varios polígonos industriales. El agua visita el laberinto temporal y espacial de Doñana con concentraciones de algunos elementos, como el nitrógeno o el fósforo, que superan 8 veces las cantidades máximas que permiten las normativas. En las Cortes de Aragón, el Consejero de Agricultura mostró partidario de aumentar los cultivos transgénicos en ese territorio con la comprometida justificación de “acabar con la escasez mundial de alimentos” (sic).

El viernes, el Consejo de Ministros indultó a más de 100.000 edificaciones construidas en zonas de dominio público costero que debían ser demolidas antes de 2018 y estaban sujetas a prohibiciones legales para su venta o herencia. Como todo en la vida, en estas propiedades habrá descuidos particulares con delitos flagrantes, muchos engaños constructivos a compradores junto a beneficios especulativos de unos pocos. Unos y otros tienen el mismo tratamiento: el perdón y la puerta abierta a la privatización del dominio público por el alargue de la concesión a 75 años. Antes ya sucumbieron por apropiaciones privadas la mayor parte de las orillas de los ríos, las zonas más sensibles de las montañas vírgenes, las estepas solitarias que albergaban especies singulares, etc. Malos tiempos para el medio ambiente, que es patrimonio de todos. Acabamos la semana anotando varias incidencias de fugas tóxicas en empresas, incendios en vertederos, accidente de un camión con ácido clorhídrico con el consiguiente vertido. Todo un ejercicio de resistencia.

Un surtidor de interrogantes sin respuestas consoladoras se esconde en el laberinto ecológico. A veces da la impresión de que vivimos en una época banal, en la que el silencio ambiental puede traernos muchos males. Preferimos desoír los relámpagos de peligro y adentrarnos en una especie de sueño del “Laberinto del fauno”. Pero las pruebas, muchas de ellas preparadas por la magia del consumo o el crecimiento económico son, como en la película, difíciles de resolver. Igual que en la leyenda griega del Minotauro, habremos de aprender a volar como Ícaro para encontrar la salida y huir del galimatías. Pero sin acercarnos tanto al peligro que se nos derritan las alas de la supervivencia.

  • Publicado el 15 de octubre de 2012. Por aquellos días lo periódicos de celtiberia recogían a menudo desajustes ambientales en el solar patrio.

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